Myriam Poblete
Matrona Neonatología
Hospital Regional Rancagua.
“Después que ocurrió el evento, yo estaba en mi casa y me di cuenta que era algo bastante grave, y he estado en otros temblores en el quinto piso y pasar uno acá en neo es complicado. Así que fui a dejar a mis hijos donde mi mamá y llegue acá a las 4 de la mañana, casi recién ocurrido el hecho. Encontré a mis colegas todos en su lugar de trabajo un tanto nerviosos pensando en sus casas y sus familiares.
Acá estaba todo botado, había un desorden de material, pero para sorpresa de nosotros aparte que las cunas se corrieron un poco de su lugar estaban todos los bebés muy bien. Habían llegado papás de las guagüitas muy alterados.
Nos pusimos a pensar cómo lo hacíamos con lo de la electricidad, porque las incubadoras funcionan con luz y pasan peligro las guagüitas, así que corrimos con ellos de un lado para otro pensando que iban a evacuar, pero fuimos el único servicio que hasta ahora sigue en su lugar. Nunca bajamos. Corríamos más peligro si lo hacíamos, que si nos quedábamos acá.
Llegue para ayudar si la evacuación se llevaba a cabo, porque pensé que se necesitaban muchas manos para ayudar, por eso vine. En realidad creo que mis colegas actuaron muy bien, que no hubo ninguna situación sin solución, de acá nadie se mueve, no es que tengamos alguna orden. No. Es que nosotros no nos vamos a ir y dejar solas las guaguas, ante cualquier cosa nosotros no los abandonamos. Había cosas en el suelo, pero no había una guagua que se agravara, que sufriera alguna consecuencia producto de esto”.